La evolución del flagelo

—y la ascensión al «Monte Improbable»

 

Sean D. Pitman, M.D.
Marzo de 2005



Índice



Micrografía compuesta del motor flagelar          Esquema del motor flagelar

 

Estructura del flagelo bacteriano. La ilustración a la derecha es una reconstrucción promediada en rotación de micrografías de barrido electrónico de cuerpos basales del gancho. Las designaciones de las diversas partes aparecen en la ilustración de la derecha.


 

La mayoría de los científicos modernos creen que todos los seres vivos, con todas sus diversas partes y sistemas funcionales, evolucionaron por medio de un proceso de mutaciones al azar y de selección natural a partir de una línea de descendencia común a lo largo de millones e incluso miles de millones de años. Naturalmente, las famosas observaciones y documentaciones que hizo Darwin de diversos cambios reales a través del tiempo en muchos organismos ayudaron a popularizar este concepto. La interpretación de la columna geológica y del registro fósil, junto con muchos ejemplos modernos de evolución en tiempo real, como el rápido surgimiento de resistencia a los antibióticos en las bacterias, solo parecían confirmar la teoría de la evolución como algo que es «más que una teoría».

Sin embargo, todavía hay aquellos que siguen poniendo en tela de juicio el potencial creativo de un proceso tan carente de propósito. ¿Pueden las mutaciones al azar y la selección natural originar realmente la asombrosa complejidad y diversidad de todos los seres vivientes? Para muchos, las maravillas del mundo natural y del universo, especialmente de la vida, les inspiran tal maravilla que intuyen que tienen que haber sido puestas en su sitio por una inteligencia extraordinariamente brillante — una inteligencia divina. Naturalmente, el argumento contrario es que, a pesar de toda su grandeza, el universo y todos los seres vivos manifiestan solo una «apariencia de designio», cuando en realidad no habría ningún propósito ni ninguna planificación deliberada en su creación.

 

El mecanismo evolutivo

 

Pero, ¿qué hay del mecanismo de la evolución? ¿Puede acaso un proceso sin propósito ni dirección, que en absoluto tiene una meta o un fin elevado en mente, producir realmente las maravillas que vemos todo a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos? Nos dice la ciencia popular que todo tiene que ver con diminutos pasos —con las pequeñas diferencias y cambios que se van acumulando con el tiempo para producir una fantástica variación en la forma y en la función. Evidentemente, si se pueden seleccionar pequeños cambios de una manera positiva a lo largo del tiempo, es cosa cierta que pueden acumularse para producir cambios mayores y mayores hasta llegar a toda la diversidad y complejidad de función que observamos en los diversos seres vivientes de la actualidad, que es el resultado final de miles de millones de años de diminutas modificaciones en muchos árboles genealógicos divergentes e incluso convergentes.

El famoso biólogo materialista británico, Richard Dawkins, describe este proceso como «Escalando el Monte Improbable» en un popular libro que lleva este título. En este libro, Dawkins explica que aunque pueda parecer muy improbable que la montaña de complejidad que existe en la actualidad haya surgido gracias a un azar ciego, la evolución no es un proceso de cambio puramente al azar. La evolución emplea azar para crear pequeños pasos, cada uno de los cuales es bien bueno o malo, o neutral, con respecto a la capacidad reproductiva global del organismo. La Naturaleza, por medio de un proceso que se conoce popularmente como la «supervivencia de los más aptos», da una capacidad de reproducción mayor a aquellos organismos que adquieren cambios positivos, y resta capacidad reproductiva a aquellas criaturas que soportan cambios perjudiciales. Es evidente, entonces, que la siguiente generación quedará más poblada por aquellos organismos con los cambios más beneficiosos. De esta manera, los cambios buenos se acumulan con el paso del tiempo en cada generación, y se asciende a esta montaña de enorme complejidad por pequeños pasos, uno a la vez.

 

Discontinuidades neutras

 

Todo esto suena muy bien, y es en realidad bastante convincente, excepto quizá por un pequeño problema. La selección natural está limitada en cuanto a que solo puede seleccionar de una forma positiva aquellos cambios funcionales que manifiestan una mejora en función sobre lo que había antes. Pero resulta que muchos cambios mutacionales (esto es, cambios en los códigos genéticos subyacentes del ADN que dictan como se forma un organismo en cada uno de sus detalles) no tienen en absoluto ningún efecto en la función del organismo. Estos cambios, o mutaciones, son designados como «neutros» con respecto a la selección de la función. Incluso existe una «Teoría Neutral de la Evolución», propuesta en tiempos relativamente recientes por Motoo Kimura.

Una diferencia neutra puede ser cuestión de «deletrear» el código para la misma función de una manera diferente que resulte todavía en la producción de un resultado idéntico, igual o equivalente (como acabo de hacer yo al usar tres palabras diferentes que son prácticamente sinónimas). O, puede que existan diferencias neutras entre secuencias igualmente carentes de significado — como la diferencia entre quiziligook y quiziliguck. Ambas carecen igualmente de significado cuando se pronuncian en la mayor parte de situaciones. Por ello, ninguna de las dos podría adquirir una mejor «aptitud» o un mayor significado en un medio determinado que en otro. La selección entre ambas sería idéntica/neutra —es decir, completamente al azar.

¿Por qué debe esto ser un problema para la evolución? La cuestión es que a niveles muy bajos de complejidad funcional (esto es, funciones que precisen de una secuencia muy corta de entidad genética material) la relación entre secuencias potencialmente benéficas y secuencias no benéficas es bastante elevada. De modo que la cantidad de diferencias neutras entre una secuencia benéfica y la siguiente secuencia benéfica es poca.

Por ejemplo, consideremos la siguiente secuencia de vocablos en inglés: cat - hat - bat - bad - big - dig - dog. Es fácil pasar por la secuencia de cada tres caracteres en el sistema de la lengua inglesa, debido a que la relación entre significativo y no significativo en el «espacio de secuencia» de secuencias de 3 caracteres es de alrededor de 1 en 18. Sin embargo, esta relación disminuye enormemente, en realidad de forma exponencial, con cada incremento de longitud mínima de secuencia. Para un espacio de 7 caracteres, la relación es de alrededor de 1 entre 250.000, y esto sin tener siquiera en cuenta la naturaleza «benéfica» de una secuencia determinada en relación con un medio ambiente o situación particulares. Sin embargo, las secuencias de 7 caracteres están por lo general muy interconectadas, como una red hecha de estrechos caminos entrelazados que rodean grandes espacios de secuencias potenciales carentes de sentido y no beneficiosas. Sin embargo, si el tamaño mínimo de la secuencia en cuestión necesaria para conseguir una idea o paquete de información «benéficos» precisa de más de unas pocas docenas de caracteres, los caminos y puentes de interconexión que vinculan diversas islas o agrupaciones de secuencias benéficas comienzan a romperse hasta el punto de que las islas de secuencias benéficas quedan completamente aisladas de cualquier otra isla en el espacio de secuencias. Sencillamente, no hay forma de cruzar el intervalo de secuencias no benéficas mediante un proceso de cambio(s) puramente al azar a lo largo del tiempo.

Con cada paso adicional al ascender por la escalera de la complejidad funcional, este intervalo se va ampliando más y más, de una forma exponencial, hasta que simplemente se hace imposible de cruzar a este lado de billones y billones de años de tiempo medio. La selección natural es sencillamente ciega cuando se trata de cruzar tales vacíos. Sin la guía de la selección natural, este cruce demandaría unas cantidades imposibles de tiempo por cuanto las secuencias de jerigonza no beneficiosa del espacio de secuencias se tienen que seleccionar al azar antes que se descubra alguna secuencia beneficiosa sumamente rara por pura suerte.

Naturalmente, una mutación de inserción simple compuesta de una secuencia precisamente idónea podría cruzar el vacío entre una isla funcional y otra isla muy alejada. Pero no servirá cualquier secuencia de caracteres múltiples. Esta secuencia tiene que ser la justamente idónea para que funcione para muchos tipos de funciones de alto nivel. La probabilidad de que surja una secuencia específica de esta clase es sumamente remota dentro de un tiempo de billones de años cuando el intervalo llega a tamaños de solo unas pocas docenas o así de diferencias de caracteres no beneficiosos entre una isla determinada y la isla vecina más cercana (esto se considera más adelante con mayor detalle).

 La evolución de funciones muy complejas

 

Secuencia de montaje del flagelo bacteriano

Secuencia del montaje del conjunto del flagelo bacteriano,
según Keiichi Namba et al, imágenes de un video en
http://www.npn.jst.go.jp/movie5.html


Esto plantea un problema potencial para la evolución de sistemas funcionales de gran complejidad, como el sistema motor del flagelo bacteriano (véase la animación de un modelo actual de montaje del flagelo, por Keiichi Namba et al12).  Estos sistemas precisan de muchas piezas proteínicas individuales que funcionen de manera concatenada al mismo tiempo en una orientación específica para conseguir una función unitaria. Si cualquiera de estas piezas falta, o queda alterada hasta más allá de un cierto grado muy limitado, la función global del sistema, en este caso la motilidad, no operará en absoluto, ni con una actividad mínima.

Se debe considerar que el sistema flagelar, en particular, precisa de los servicios de alrededor de 50 genes — incluyendo los genes para el aparato sensorial (que hace girar el flagelo en sentido horario o antihorario a una velocidad mayor o menor dependiendo del ambiente). Todos estos genes han sido descritos de manera detallada. Como mínimo parece que se precisa de 30 tipos de proteínas diferentes (codificadas por los genes) para construir la estructura efectiva, y alrededor de otras 20 para ayudar en la construcción, regulación y control de la operación del flagelo (apéndice). La cantidad total de caracteres bien especificados (dispuestos de forma específica para la mínima función) que constituyen todas estas piezas de proteínas es de más de 10.000 resíduos de aminoácidos (aa) codificados por alrededor de 50 genes. Esto es semejante a una redacción de alrededor de 2.000 palabras.

Algunos han argumentado que la cantidad mínima efectiva es inferior a 50 por cuanto ciertos tipos de bacterias pueden construir sistemas flagelares útiles con algo menos que las 30 piezas que generalmente aparecen en la lista. La tabla que sigue da una relación de 21 piezas de proteína compartidas por unas bacterias de tipo muy diferente, Aquifex aeolicus, Bacillus subtilis, Escherichia coli, y Treponema pallidum.15


Función
 


Productos genéticos

Motor

MotA, MotB, FliG (C-term)

Base

FliF, FliG (N-term), FliM/N

Maquinaria de exportación

FlhB, FliQ, FliR, FliP, FliI, FlhA

Eje de transmisión

FlgB, FlgC, FlgG, FliE

Gancho y adaptadores

FlgE, FlgL, FlgK, FlgD

Filamento

FliC, FliD

 

Parece que al menos estos 21 genes están cerca del mínimo imprescindible para una función flagelar útil.

Son muchos los intentos que se han hecho para explicar la evolución paso a paso de un sistema tan evidentemente complejo. La mayoría de estas explicaciones son muy superficiales, saltando, con un mero gesto displicente, sobre enormes vacíos evolutivos que involucran grandes cambios de múltiples proteínas. Sin embargo, ha habido algunos intentos más meritorios. Quizá uno de los mejores intentos para tratar de explicar la evolución del flagelo es la proposición de Nicholas J. Matzke en este artículo de 2003: «Evolution in (Brownian) space: a model for the origin of the bacterial flagellum [La evolución en el espacio (Browniano): un modelo para el origen del flagelo bacteriano]».

En aquellas fechas, Matzke era estudiante graduado de geografía en la Universidad de California en Santa Bárbara, y tenía una evidente pasión por cuestiones foráneas a la geografía. En este artículo, Matzke sugiere que el punto de partida para la evolución del flagelo fue probablemente un sistema de secreción tipo III (SSTT).


Sección d eun flagelo bacteriano típico

Sección de un flagelo bacteriano típico. Las subestructuras se designan
con negritas, y las proteínas en tipo normal.
Véanse las tablas al final.


Sistema homólogo al flagelar

Sistema homólogo al flagelar. Las subestructuras se designan
con negritas, y las proteínas en tipo normal.
Véanse las tablas al final.

El punto de partida


Es cosa extraña que los evolucionistas propongan tan generalmente el sistema SSTT como el punto de partida más probable, siendo que se supone que el sistema SSTT habría evolucionado cientos de millones de años después de la evolución del flagelo. Se debe considerar también que el flagelo bacteriano se encuentra tanto en las bacterias mesofílicas como termofílicas, Gram-positivas, Gram-negativas y espiroquetas, mientras que los sistemas SSTT están limitados a algunas bacterias Gram-negativas. No solo están los sistemas SSTT restringidos a las bacterias Gram-negativas, sino también a bacterias Gram-negativas patogénicas que atacan de forma específica a animales y a plantas ... ¡que supuestamente evolucionaron miles de millones de años después que hubiera evolucionado la motilidad flagelar! Además, cuando los genes de los SSTT se encuentran en los cromosomas de las bacterias, su contenido en GC (guanina/citosina) es generalmente inferior al contenido en GC del genoma alrededor. Dado que los genes de los SSTT se encuentran comúnmente en plásmidos de gran virulencia (que pueden pasar fácilmente entre diferentes bacterias), esta es buena evidencia de la transferencia lateral para explicar la distribución de los genes de los SSTT. Los genes flagelares, en cambio, están generalmente distribuidos entre alrededor de 14 operones, no se encuentran en plásmidos, y su contenido en GC es el mismo que el del genoma alrededor, lo que sugiere que el código para el flagelo no ha sido esparcido mediante transferencia lateral.


Así que más bien parece que el sistema SSTT hubiera podido evolucionar procedente del flagelo (que de hecho contiene un cuerpo basal que secreta diversas proteínas no flagelares — incluyendo factores de virulencia), y no a la inversa. Evidencia adicional de esto mismo procede del hecho de que el sistema SSTT  exhibe poca homología con ningún otro sistema de transporte bacteriano (al menos con los 14 principales). En cambio, se supone que la evolución va construyendo a partir de aquello que ya existe. Por cuanto el sistema SSTT es el más complejo de todos éstos, ¿por qué no evolucionó a partir de uno de estos sistemas menos complejos, manteniendo con ello algún mayor grado de homología con al menos uno de ellos? Esta evidencia sugiere que en la «era pre-flagelar» no existía el sistema SSTT, ni nada homólogo al mismo. Por ello, debe haber surgido del flagelo plenamente formado mediante la eliminación de piezas preexistentes, y no al revés. De hecho, varios científicos han estado proponiendo esta idea en la literatura reciente.2-7



Sistema de secreción
  
Sistema de secreción

Sistemas de secreción. Las subestructuras se designan
con negritas, y las proteínas en tipo normal.
Véanse las tablas al final.


También es útil comenzar la explicación de un sistema de gran complejidad comenzando por el medio. De las alrededor de 27 piezas proteínicas empleadas en la estructura flagelar, 10 de ellas son homólogas con las proteínas en el SSTT. Una de estas 10 es la proteína «FliI».  FliI es una ATPasa anclada en la superficie citoplasmática de la membrana interior y probablemente suministra energía para la síntesis de la maquinaria de exportación o de transporte de proteínas segregadas, que son capturadas de forma selectiva desde el citoplasma para fines de transporte. Luego hay las proteínas que componen el aparato de transporte de la membrana interior y probablemente constituyen el canal de conducción de proteínas. Estas incluyen FlhA, FliP, FliQ, FliR, y FlhB.  El homólogo flagelar del anillo MS está compuesto de FliF y el homólogo del anillo C está compuesto de FliN y FliG. La última proteína, FliH, tiene una función desconocida.

En resumen, parece que la mayor parte de estos 10 homólogos flagelares son necesarios para la función del SSTT. De modo que la asunción de un sistema intacto proto-SSTT es un buen comienzo para tratar de explicar la evolución flagelar. El hecho es que el sistema SSTT es sumamente complejo de por sí, y esto solo añade al concepto de que el sistema SSTT no evolucionó a partir de un sistema de menor complejidad, sino que surgió de un sistema de mucha mayor complejidad (el flagelo plenamente formado) por medio de un proceso de eliminación de piezas preexistentes —no por la adición de nuevas piezas. Evidentemente, es mucho más fácil quitar componentes y mantener funciones de un nivel inferior que ya están allí que añadir nuevos componentes a funciones de bajo nivel para conseguir funciones beneficiosas de alto nivel que todavía no existen.

Añádase a esto que algunos de los homólogos entre el sistema flagelar y el sistema SSTT no son tan homólogos. La proteína FliN en el SSTT es solo homóloga a  ~80 residuos C-terminales de FliN flagelar (de 137aa). Hay muy poca semejanza con FliG, y la FliF del SSTT carece de los dominios C- y N-terminales que están involucrados en la formación del anillo MS. Todo lo que queda de FliF es alrededor de 90 de entre más de 550 residuos de aminoácidos.  Lo que esto significa es que el sistema SSTT no puede girar. La evolución de la capacidad de girar involucraría la adición de una considerable cantidad de residuos específicamente secuenciados.

En resumen, es sumamente difícil explicar la función del sistema SSTT mismo usando mecanismos evolutivos sin una dirección inteligente. Todavía no se ha propuesto ningún intento razonable para explicar cómo pudiera haber evolucionado un sistema SSTT con intervalos neutros que sean suficientemente pequeños para que pueda ser salvado mediante mutaciones al azar del tipo que sea.

Matzke y otros evolucionistas afrontan estos problemas sugiriendo que algún día pudiera encontrarse algún homólogo todavía no descubierto del aparato secretor del flagelo. Matzke explica:

Si los sistemas de virulencia de tipo III derivan de flagelos, ¿cuál es la base para emitir la hipótesis de un sistema de secreción de tipo III que sea ancestro de los flagelos? La cuestión quedaría resuelta si se descubrieran homólogos no flagelares del aparato de exportación del tipo III en otras filas bacterianas, que realizasen funciones útiles en el mundo pre-eucariota. Que no se haya descubierto todavía tal cosa constituye un argumento válido en contra del presente modelo, pero al mismo tiempo sirve de predicción: el modelo quedará considerablemente fortalecido si se descubre dicho homólogo. Por el momento, es bastante fácil explicar la falta de descubrimiento de tal homólogo en base a la falta de datos.1

¿De modo que por el momento, la evidencia para la evolución del primer paso en la síntesis flagelar está escondida y segura detrás de una «falta de datos»? ¿Dónde está la «detallada» explicación de la evolución flagelar en todo esto? Bien, Matzke y otros imaginan lo que hubiera podido suceder para lograr la evolución del primer sistema proto-SSTT.

El origen de este sistema proto-SSTT comienza con un homólogo de FliF, un complejo de porinas de membrana. FlhB, el complejo proteínico que controla el tipo de proteínas secretadas, se une de alguna manera a FliF. La FlhA, de función desconocida, se añadió también para que junto con FlhB, se pudiera transformar un poro transportador pasivo general en un transportador de sustrato específico. No se sugiere de dónde pudieron proceder FlhB o FlhA ni qué otras funciones hubieran podido tener, ni tampoco queda claro cómo sus capacidades selectivas hubieran podido ser de ayuda, especialmente en el caso de que se seleccionasen unas proteínas desacertadas para su transporte.

En todo caso, una vez se han combinado FlhB y FlhA con FliF, se precisa de energía para el transporte activo. Y aquí entra FliI al rescate. La propuesta es que la F1-αβ ATPasa, un heterohexámero compuesto de subunidades α (no catalíticas) y de subunidades β (catalíticas) que se encuentra en muchos tipos de bacteria, evolucionó a partir de un antecesor común de FliI (un homohexámero compuesto de subunidades catalíticas y fuente de energía para el SSTT), por cuanto FliI comparte ~30% de homología con la subunidad F1 de la F1F0-ATP sintetasa. En este punto, se hace la simple suposición de que FliI procedió de la ATP sintetasa.  No se da ninguna explicación detallada de cómo esto hubiera podido suceder, mutación por mutación.

Sistemas con componentes homólogos a componentes flagelares

Sistemas con componentes homólogos a componentes flagelares.
Las subestructuras se designan
con negritas, y las proteínas en tipo normal.
Véanse las tablas al final.


Naturalmente, si se concede que se pueda obtener FliI, es fácil conseguir que la fuente de energía se conecte al poro de FliF —¿verdad?  No tan fácil. FliI no puede unirse directamente a FliF. Se precisa de otra proteína llamada «FliH» para conseguir que la FliI ATPasa se una con FliF.  No está del todo claro de dónde vino FliH o cómo pudo haber milagrosamente evolucionado la capacidad de unirse a ambas moléculas, FliI y FliF precisamente de la forma adecuada. Pero la cosa resulta aún más difícil. Se precisa de otro complejo proteínico, conocido como «FliJ», para que interactúe con la FliI ATPasa y FliH antes que puedan exportarse ningunos componentes flagelares.

Así que para que el SSTT pueda conseguir la exportación activa de la proteína, se tienen que disponer tres complejos proteínicos de forma precisa (FliI, FliH, y FliJ) — y esto simplemente para la versión imaginaria. Las otras partes del aparato secretor, FliOPQR, ni son consideradas en el «detallado» modelo por pasos de Matzke de evolución flagelar, debido a la «falta de datos».

Además de lo anterior, ¿qué hay del argumento de que las semejanzas entre las proteínas de la F1F0-ATP sintetasa y del aparato exportador flagelar de tipo III apoyan el concepto de que comparten un antecesor primitivo común? Prácticamente inmediatamente, Matzke añade: «Individualmente, las semejanzas que se citan son fácilmente atribuibles al azar, pero juntas son al menos sugestivas».1 A mi parecer, esto suena a que hay algunos vacíos bastante grandes al menos potencialmente presentes en la ruta que se ha propuesto. Al menos estos vacíos no se consideran con ningún detalle en el modelo de Matzke ni en ningún otro modelo que yo conozca. Estos pasos, que parecen demandar cientos de diferencias genéticas bastante específicas, se ignoran simplemente con un gesto displicente, para llegar a la siguiente conclusión: «El acontecimiento clave en el origen de la exportación de tipo III fue la asociación de una primitiva F1F0-ATP sintetasa con una proto-FlhA o FlhB en el interior del anillo proto-FliF, convirtiéndolo de un transportador pasivo a otro activo. Por cuanto es poco lo que se conoce de los detalles de la actividad acopladora de la ATPasa con la exportación proteínica en la exportación de Tipo III, este paso sigue siendo especulativo». ¿De verdad? Esto era lo que se suponía que debía ser un tratamiento «detallado» de la evolución flagelar. Hasta ahora, parece que no tenemos nada más que una especulación más bien superficial.



 
Los «pequeños» pasos cuesta arriba

 

Dado el sistema SSTT como punto de partida, con independencia de lo endeble de dicha hipótesis, los siguientes pasos en la evolución del flagelo deberían ser fáciles, ¿no es cierto? Con solo unos pocos cambios de residuos aquí y allí, el camino de la función beneficiosa y mejorada debería estar constituido por unas piedras pasaderas claras y estrechamente espaciadas. Es preciso recordar que el escenario propuesto por Matzke es una de las descripciones más detalladas que he podido encontrar — a pesar de lo superficial que es. Los componentes necesarios simplemente surgen a la existencia y se unen fácilmente entre sí justo de la forma apropiada. No se proporciona ninguna exposición detallada acerca de las significativas modificaciones que serían precisas para que tuvieran lugar estas uniones tan específicas con grado beneficioso. El tratamiento que da Matzke es una burda subestimación de la complejidad involucrada en el paso de un estado beneficioso al siguiente a lo largo de su propuesta ruta evolutiva.

Secuencia "A" de pequeños pasos

 Secuencia "B" de pequeños pasos

 

Resumen de Maztke del modelo evolutivo para el origen del flagelo, exhibiendo las seis etapas principales y los intermedios clave. Los componentes blancos tienen homólogos no flagelares identificados o razonablemente probables; los componentes grises tienen homólogos o bien sugeridos pero sin evidencia, o ningún homólogo identificado específico, aunque se pueden postular funciones ancestrales. El modelo comienza con un poro de membrana interna pasivo algo general (1a) que se convierte a un poro para sustrato más específico (1b) por unión de la proto-FlhA y/o FlhB con FliF. La interacción de una F1F0-ATP sintetasa con FlhA/B produce un transportador activo, un primitivo aparato de exportación de tipo III (1c). La adición de una secretina que se asocia con el anillo citoplasmático convierte esto a un sistema de secreción de tipo III (2). Un sustrato mutado de secreción se transforma en una adhesina secretada (o, alternativamente se coopta una adhesina por transposición de la secuencia de reconocimiento de la secreción), y una mutación posterior permite que se una al lado exterior de la secretina (3a). La oligomerización de la adhesina produce un anillo pentamérico, lo que permite más adhesinas superficiales sin que se bloqueen otros sustratos de secreción (3b). La polimerización de este anillo produce un tubo, un pilus primitivo de tipo III (4a; en el diagrama, aparece una estructura axial blanca en lugar de las subunidades individuales de pilina; todas las otras proteínas axiales descienden de esta pilina ancestral común). La oligomerización de una pilina produce la cubierta, que aumenta la velocidad y la eficiencia del montaje (4b). Una pilina duplicada que pierde sus dominios exteriores pasa a ser la proteína del proto-vástago, que se extiende hacia abajo a través de la secretina y que fortalece la unión del pilus mediante asociación con la base (4c). Adicionales duplicaciones de las proteínas del proto-vástago, del filamento y de la cubierta, que ocurren antes y después del origen del flagelo (6) producen el resto de las proteínas axiales; estos repetidos eventos de subfuncionalización no se muestran aquí. El protoflagelo (5a) es producido por coopción de los homólogos de TolQR a partir de un sistema parejo al Tol-Pal; quizá una porción de un homólogo de TolA unido a FliF para producir proto-FliG. A fin de conseguir la mejora de la rotación, la secretina pierde sus lugares de unión al filamento axial, transformándose en el protoanillo P, y el papel de poro de la membrana exterior es asumido por el anillo acompañante de lipoproteína de la secretina, que pasa a ser el protoanillo L (5b). El perfeccionamiento del anillo L y la adición del dominio de muramidasa de la cubierta de FlgJ del vástago (que elimina la necesidad de encontrar una abertura natural en la pared de la célula) resulta en 5c. Finalmente, la unión de una proto-FliN mutante (probablemente un receptor CheC) a FliG acopla el sistema de transducción de señales al protoflagelo, lo que produce un flagelo quimiotáctico (6); la fusión de proto-FliN y CheC produce FliM.  Cada etapa iría evidentemente seguida de una gradual optimización coevolutiva de las interacciones de los componentes. Así, el origen del flagelo queda reducido a una serie de pasos mutacionales verosímiles.1



El «Simple» Filamento

 

Como es usual, el siguiente paso, dada la existencia de un sistema SSTT, es la adición de un filamento. Matzke y muchos otros arguyen que los filamentos simples de base proteínica son fáciles de elaborar — y señalan a la polimerización de la hemoglobina en pacientes de anemia falciforme como resultado de una sola mutación puntual. Esta forma de pensar subestima diversos requisitos muy específicos que se precisan para formar un filamento útil de cualquier clase.

Por ejemplo, las partes de un filamento aleatorio, como las que constituyen la hemoglobina falciforme, tienen una gran probabilidad de agregarse en amontonamientos o largas hebras enredadas antes que sean transportadas a través de cualquier clase de poro a la superficie exterior de la célula. Evidentemente, esto no sería útil. Además, incluso si tales monómeros filamentosos logran salir a la superficie exterior sin enmarañarse, será preciso que se unan de manera preferencial en el lugar idóneo. Esto exige unas características de afinidad bastante específicas.¿Cuál es la probabilidad de que un monómero filamentoso aleatorio de esta clase presente tales características de afinidad? Esta probabilidad se traduce en una enorme cantidad de tiempo medio. Además, hay una enorme cantidad de otros problemas potenciales para los monómeros filamentosos promedio. ¿Qué de su degradación? ¿Qué del transporte al canal y de la selectividad de la admisión en el canal? ¿Qué del atasco en el interior del canal y de cerrar el camino? ¿Qué si el filamento acaba formando un núcleo macizo en lugar de un núcleo hueco? ¿Cómo se lograría añadir más piezas filamentosas al extremo? ¿Qué sucedería si el extremo no quedase cubierto con una clase diferente de proteína que colocase cada pieza nueva de proteína filamentosa en el lugar apropiado? ¿Cuál es la probabilidad de que cualquier filamento adosado a la maquinaria de exportación vaya a ser «beneficioso» en un medio ambiente determinado — aunque sea como un «simple» filamento de anclaje?

Ahora bien, no solo tienen que unirse a sí mismas y de forma correcta las partes más y más «especiales» del filamento, así como al aparato secretor, sino que tienen que formar un filamento cuyo extremo distal pueda unirse a alguna cosa distinta que a sí mismo y a su propia superficie bacteriana alojadora. Por encima de todo lo demás, esto parece que es algo difícil de conseguir. ¿Cuál es la probabilidad de que un gen capaz de codificar unas proteínas filamentosas tan especializadas llegue a surgir para ser secretado de una manera específica por un poro de transporte activo existente?

 

El «Simple» Pilus P

 

A fin de poder siquiera comenzar a responder a esta pregunta, consideremos lo que es necesario para elaborar el más simple «filamento» bacteriano que conocemos, empleado con algún propósito beneficioso en una bacteria real — como el pilus P.


El "simple" Pilus P


El pilus P funciona como un anclaje de unión entre células bacterianas y otras. Es un delgado filamento hueco ahusado cerca del extremo. Sobre este extremo hay una proteína que se une de forma específica a ciertas clases de moléculas de azúcar sobre ciertos tipos de células (como células renales). Aunque este pilus es tan simple como se pueda obtener en la vida real e incluso aunque su función parece más bien humilde, está codificado por alrededor de 10 ó 11 genes — tantos como codifican el sistema secretor de tipo III (SSTT) tan evidentemente complejo. La sección proximal más gruesa está formada por componentes proteínicos PapA, y la sección distal más delgada por componentes PapE, y el extremo mismo por PapG (la «adhesina» específica que se une a los azúcares). Hay también una proteína adaptadora, PapF, que une PapG con PapE, y otra, PapK, que une PapE a PapA.14 Tenemos un total de 5 proteínas diferentes que entran en un orden muy específico. ¿Cómo se consigue este orden?

Esto se consigue con una interacción bastante complicada de proteínas «chaperonas» o guías. Pero, en primer lugar, la célula tiene que hacer una ruta de exportación multiproteínica llamado sistema sec, que descarga material citoplasmático en el espacio periplasmático. El truco para que las bacterias Gram-negativas «deseen» desarrollar un pilus es hacer que un filamento penetre la membrana exterior. Esto exige una sofisticada coordinación. En primer lugar, todas las subunidades del pilus se exportan preferencialmente, en estado no desplegado, al interior del periplasma a través del sistema sec donde vuelven a plegarse. Sin embargo, si se dejasen a sí mismas, formarían acumulaciones desorganizadas. De modo que se precisa de una proteína chaperona, PapD, para impedir este problema de amontonamiento y para ayudar a una conformación apropiada del plegado con el uso de complementación de hebra donante (DSC). Las partes del filamento, por sí mismas, son sumamente inestables y nunca se pliegan de manera apropiada. Y PapD no tiene ninguna otra función conocida.

A continuación, el complejo subunidad del pilus-chaperona interacciona de manera específica con un canal proteínico en la membrana exterior conocido como PapC. Este canal es suficientemente grande para que pase a través suyo el extremo del filamento, pero no la parte proximal. El PapD, la chaperona, entrega la unidad del pilus al PapC, que luego ayuda en su unión al filamento en crecimiento donde cada subunidad contribuye una hebra para completar de manera perfecta el pliegue de su vecino, y así estabilizarlo.14,15

Así, incluso algo tan relativamente «simple» como la construcción de un pilus parece bastante complicado en comparación con el propuesto paso de la evolución del filamento. Es simplemente muy difícil elaborar un filamento «útil» —o así lo parece. Pero digamos que de alguna manera hemos conseguido que evolucione un filamento así. ¿Cómo va luego a evolucionar para llegar a ser un flagelo? Un flagelo necesita secretar proteínas para su construcción. El problema es que no hay ningún pilus P que se sepa que secrete proteínas —quizá debido al pequeño tamaño del canal o a la ausencia de una fuente asociada de energía para bombear las proteínas. En todo caso, todos estos pili son muy diferentes de los flagelos en un aspecto de gran importancia.

Estos pili se construyen desde el fondo, donde cada nuevo monómero añadido empuja el pilus existente hacia arriba y afuera. Los flagelos, en cambio, son construidos desde el extremo hacia afuera, donde cada nuevo monómero es añadido al extremo de modo que el extremo crece hacia afuera sobre el flagelo existente.

 

 FH2 animada

Imagen con electrón microscópico del extremo distal del filamento flagelar
Imagen que aparece en el Proyecto de Nanomáquinas Protónicas del gobierno del Japón: http://www.npn.jst.go.jp/movies/FH2gifani.gif

El ya desaparecido Robert Macnab, que fue profesor de biofísica y bioquímica molecular en la Universidad de Yale y que también estudió los flagelos, observó que el mecanismo de construcción flagelar es «un proceso mucho más sofisticado que lo que ninguno de nosotros hubiéramos podido imaginar».8 Luego añadió: «No creemos que sería posible que el sistema funcionase con una complejidad significativamente menor».9

 

El filamento flagelar

Hay un tipo interesante de bacteria sin motilidad, conocida como Shigella, que posee genes flagelares, pero que no produce flagelos. Algunas estirpes de Shigella tienen más genes ausentes que otras, pero en ciertas estirpes el único gen ausente es el gen de FliD. Este gen de FliD codifica la vital proteína de la cubierta del filamento. Sin la proteína de la cubierta FliD en el extremo del filamento flagelar, los monómeros de flagelina (FliC) que forman el filamento se desprenden. Y no solo esto, sino que sin FliD, los componentes de FliC sencillamente no se montarían bien (ver las animaciones por Keiichi Namba et al.12).

Detalle de la cubierta del filamento

Detalle de la cubierta de la flagelina -
Imagen que aparece en el Proyecto de Nanomáquinas Protónicas del gobierno del Japón:
http://www.npn.jst.go.jp/movies/CapZoomUp.gif

La cubierta FliD tiene la apariencia de un anillo de forma pentagonal que se sitúa en el extremo del filamento flagelar hueco. Cada una de las unidades del pentámero FliD, formado por cinco componentes, tiene una extensión en forma de patilla que se dirige hacia abajo y que interacciona estrechamente con los monómeros del filamento. Sin embargo, existe una ligera desalineación.

Cubierta en funcionamiento al ir creciendo el filamento

Funcionamiento de la cubierta al ir alargándose el filamento
Imagen que aparece en el Proyecto de Nanomáquinas Protónicas del gobierno del Japón:
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La cubierta tiene 5 patas, pero el extremo del filamento tiene 5,5 subunidades de flagelina en su circunferencia. De modo que siempre hay una pequeña rendija en un punto entre la cubierta y el filamento. Es en este lugar que se añade la siguiente subunidad en el filamento en crecimiento. Al añadirse la siguiente subunidad en el espacio abierto, se imprime un giro a la cubierta de modo que se abre un nuevo espacio adyacente al que se acaba de llenar. Así, mientras la cubierta gira y gira, a 10 rotaciones por segundo, se van añadiendo nuevos monómeros de flagelina (FliC) uno por uno, 50 por segundo.8

Lo que es más interesante en todo esto es que los extremos de las subunidades de la flagelina se despliegan mientras se desplazan por el tubo del hueco del filamento. Una de las razones de ello es que la flagelina plegada presenta un gran doblez en medio que la hace demasiado grande para viajar a través del tubo. Por sí mismas, las subunidades de flagelina no pueden plegarse apropiadamente. Así, la cubierta FliD tiene como misión a la vez plegar y colocar los monómeros de la flagelina. Además, el área hueca justo por debajo de la cubierta tiene alrededor del doble de tamaño que el resto del tubo y tiene el tamaño justo suficiente para permitir el plegado de una subunidad monomérica. El giro de la cubierta, en combinación con las interacciones favorables interproteínicas proporcionan la energía para este proceso de plegamiento, por cuanto no hay ATP involucrada.8

En resumen, sin esta cubierta sumamente especializada, las unidades de flagelina no pueden autoestructurarse en absoluto para constituir un filamento tan ordenado. Y ni la proteína de la cubierta ni los monómeros de la flagelina tienen ninguna otra función celular. Más allá de esto, ¿cómo sucede que se coloca la cubierta en la posición correcta en el extremo del filamento y que no se envían más monómeros de la cubierta por el tubo una vez ha quedado constituido? Una vez más, se precisa de una chaperona específica para la construcción de la cubierta y para la prevención de incorporaciones inoportunas.

Para contrarrestar este argumento, se dice que por cuanto las unidades tubulares proteínicas flagelares FliL y FliK no precisan de cubierta alguna para su correcta construcción, que la adición de una cubierta fue una modificación evolutiva tardía para mejorar la velocidad y la eficiencia.1 Un problema potencial es que FliL y FliK son solamente proteínas de unión. Unen el componente gancho del flagelo (FlgE) al resto del flagelo (FliC). No forman los flagelos por sí mismas. Incluso en el caso de que lo hicieran, esto, en particular, no explicaría cómo se hubieran podido autoconstruir las unidades de flagelina (FliC) sin una cubierta, ni como hubieran podido surgir por evolución sin la coevolución de la muy específica cubierta FliD — lo cual involucra una cantidad muy grande de cambios de residuos de elevada especificación para una mínima ventaja selectiva. ¿Y qué de la hipótesis de que la cubierta se formó primero, en la que la cubierta hubiera evolucionado debido a sus propiedades adhesivas, y que fue mejorada por la adicional evolución de las proteínas de pilus que extienden la cubierta hacia fuera de la célula? De nuevo, ¿cuánto tiempo sería necesario para la obtención de un monómero proteínico flagelar lo suficientemente específico para interaccionar con tal cubierta de una forma tan compleja?

Las explicaciones de Matzke no descienden a mayor detalle que esto. Si estos pasos evolutivos fuesen tan fáciles de salvar, sería fácil ensayarlos en el laboratorio. Simplemente, se debe proceder a eliminar el gen de la flagelina FliC en una bacteria, y observar si sus descendientes vuelven a formar evolutivamente el flagelo debajo de la cubierta preexistente. Que yo sepa, ninguno de estos experimentos ha tenido éxito. Como ya se ha mencionado, lo mismo sucede con las bacterias que carecen del gen de la cubierta FliD, como la Shigella. Estas bacterias pueden poseer todos los otros genes flagelares, pero han perdido el gen de la cubierta — y no pueden construir un flagelo ni han recuperado por evolución el gen de la cubierta. ¿Por qué no?

 

La motorización del flagelo

 

Bien, digamos que de alguna manera alguna colonia primitiva de bacterias pudo realmente evolucionar un sistema proto-SSTT y un sistema proto-flagelar/filamental donde cada sistema era de forma independiente funcional de alguna manera beneficiosa. En este punto, Matzke argumenta que sería algo muy simple unir estos dos sistemas para llegar a la motilidad flagelar.

Para pasar a la consideración de esta propuesta, volvamos un poco atrás. Recordemos que el motor flagelar se distribuye en dos unidades básicas: el estator y el rotor. El estator está compuesto de unas subunidades motA y motB (cada una de ellas formada por aproximadamente 300 residuos). El rotor está compuesto de FliM (~330aa), FliN (~130aa), y FliG (~330aa). Los tres componentes del motor están involucrados en la construcción del flagelo. El anillo C formado por estos componentes actúa como una especie de taza de medición que determina el tamaño del filamento en forma de gancho. Lo que sucede es que se unen aproximadamente 120 monómeros para el gancho a FliM, FliN y FliG, (4 lugares de unión cada uno). Cuando quedan llenos todos los lugares de unión, todos los monómeros quedan liberados en el acto y se forma un segmento «gancho» de una longitud específica. Después que los monómeros del gancho salen del anillo C, entra otra proteína y convierte en anillo C de un secretor de monómeros de gancho a un secretor de monómeros de flagelina. Hay un cambio en la especificidad del anillo C respecto a los monómeros que acepta.

De modo que FliG es importante para el montaje flagelar en cuanto parece que se precisa de los 200 residuos N-terminales de FliG. De hecho, si se distribuyen los 331aa de FliG en segmentos de 10aa cada uno, las mutaciones de deleción de los segmentos 11, 13, 16, 17, 20, 21, y 27 dan como resultado una falta de formación adecuada de flagelo y evidentemente de la función de motilidad. Asimismo, las bacterias con mutaciones de 1, 3, 12, 14, 15, 22, 23, y 26 de FliG son completamente "no flageladas".10

 

Esquema del motor flagelar

 

Esto significa que la pretensión de Matzke de que FliG, como parte del complejo protosecretor, «se retiene solo para estabilizar/apoyar el complejo secretor coadaptado y el anillo FliF, y [es] por otra parte vestigial» carece totalmente de sentido. La proteína FliG es vital para la secreción y no tiene nada que ver con la estabilización de FliF (se ha constatado que FliF es bien estable de forma independiente). Se trata sencillamente de que FliF sin FliG no puede formar un flagelo adecuado.

Naturalmente, la proteína FliG (que de pasada no tiene homólogos significativos) es también el subcomponente responsable de la conversión de la fuerza motriz protónica en fuerzas de par para el movimiento de rotación del flagelo. Los ~100 residuos C-terminales parecen ser necesarios para la ejecución de esta función. Además, unas mutaciones específicas en los segmentos 10, 18, 19, 24, 25, 28, 29 y 31 construyeron flagelos, pero quedaron paralizados.10

Por lo que se refiere a la función de rotación, FliM y FliN son responsables de conmutar el movimiento en uno y otro sentido — no de la creación efectiva de los pares de fuerza. Sin embargo, FliM y FliN siguen siendo necesarias para la construcción del flagelo.

Consideremos ahora brevemente el FliF (complejo de poros de la membrana del anillo MS central con ~550aa). FliF no tiene homólogos conocidos fuera de los sistemas SSTT (que se consideran evolucionados a partir del sistema flagelar — no al revés). Incluso dada su existencia protoformal, tratar de elaborar una explicación de cómo un flagelo o filamento pudo haberse adherido al mismo de una manera beneficiosa por azar constituye un verdadero reto. La construcción de los filamentos incluso más simples es bastante complicada, como se ha descrito más arriba. Hay diversas proteínas chaperonas involucradas en el acarreo de monómeros específicos a su emplazamiento justo en el momento preciso y en el plegado y en la unión entre sí de forma específica. La construcción de un pilus aparentemente simple es, en realidad, extremadamente compleja. La construcción de un flagelo hueco en su emplazamiento mediante la adición de monómeros en el extremo distal es extraordinariamente complicada.

Dados estos pocos hechos presentados hasta ahora, tengo solo unas pocas preguntas. Matzke sugiere que FliG no tuvo que evolucionar con FliF como parte del apartado exportador. ¿Cómo se puede explicar esto si FliG es actualmente necesaria para la construcción del flagelo? Si FliG no evolucionó con FliF, ¿no sería entonces necesario no solo que se uniera enérgicamente a FliF de una manera que venciera las fuerzas de cizalladura de la FliG giratoria, sino también de una manera que ayudase en la construcción del flagelo? De modo que no solo FliG tiene que unirse con FliF, sino que además ha de presentar especificidad en su lugar para un cierto tipo de monómero filamentoso. Esto es, sin la especificidad para la flagelina de FliG, no se forma el flagelo. Cuando el flagelo comienza a formarse en la vida real, el anillo MS (FliF) y el anillo C (FliG N-terminal + FliN + FliM) tienen que formarse primero, o no se formará el flagelo. Esto parece insoslayable.

Quizá se dirá que sería más fácil si FliG estuviera ya unida a FliF — si originalmente FliG hubiera evolucionado con FliF. En tal caso ya existiría especificidad para el monómero filamentoso en su lugar y el filamento flagelar ya podría estar en su lugar, ¿cierto? Pero, en tal caso, ¿cómo podrían motA/B unirse a FliG de una manera beneficiosa? Hay una buena cantidad de residuos muy específicos que tienen que alinearse justo en el orden correcto para que la fuerza motriz protónica de motA/B se transfiera a fuerza de par de FliG — y esto es además de la simple unión preferencial de motA/B con FliG + FliF, ¿no es cierto?

De modo que, como vemos, se mire como se mire, se precisa de algo más que una mera unión FliF-FliG. ¿De qué serviría la especificidad de FliG por la flagelina si no estuviera unida primero a FliF? ¿Y de qué serviría la especificidad de FliG por la fuerza motriz protónica de MotA/B si no estuviera primero unida a MotA/B? Esta especificidad involucraría, con una certidumbre prácticamente total, unas pocas diferencias de posición de residuos adicionales a partir de las «proto-formas» originales. Y lo más probable es que estas diferencias precisas no fuesen secuencialmente beneficiosas de una forma que la selección natural fuese a impulsarlas adelante.

Más allá de todo esto, no va a darse un grado de unión susceptible de selección entre FliG y FliF con solo una o dos posiciones de residuos correctos en su sitio de entre las 46 posiciones de residuos bastante específicos que se emplean para unir FliG con FliF en los flagelos modernos. Para vencer los efectos de sacudida del movimiento browniano, el flagelo tiene que girar muy rápidamente (~100–300 rotaciones por segundo durante 3-4 segundos).  Esto significa que se tienen que vencer un montón de fuerzas de inercia y de cizalladura para mantener FliG conectado con FliF.  Tendría que haber una cantidad significativa de los 46 residuos de unión, que funcionan a manera de enganches, todos a la vez, a fin de vencer estas fuerzas de cizalladura en cualquier grado susceptible de selección. De hecho, los experimentos de deleción sugieren que solo el segmento 4 N-terminal de FliG puede soportar algún cambio significativo sin una completa pérdida de la motilidad. Las mutaciones en los primeros tres segmentos N-terminales (~30aa) resultaron en una pérdida total de la motilidad —evidentemente debida a una falta de suficiente fuerza de unión con FliF y/o una falta de capacidad para coadyuvar en la formación del flagelo.10 Por ello parece que FliG constituye una parte bastante importante del sistema flagelar. Puede soportar cambios significativos solo de los residuos 37 a 96 (segmentos 4 a 9), de 297 a 306 (segmento 30), y de 317 a 326 (segmento 32) sin una pérdida total de la función de motilidad.

Los experimentos realizados con mutaciones de FliF muestran que un «corto segmento de C-terminal» de 9 residuos aminoácidos «fundamentales» es imprescindible para la «construcción del flagelo». Obsérvese que este proceso de construcción tiene lugar en un momento en el que el motor está parado y en que no hay rotación de FliG. Los autores siguen diciendo que «la eliminación o sustitución de hasta 10 aminoácidos inmediatamente encima de la región fundamental resultaron en un flagelo paralizado».11 Esto parece bastante especificado. No solo no se puede eliminar ninguno de estos 10aa, sino que ninguno de ellos puede sustituirse por ningún otro tipo de residuo de aminoácido. Los autores afirmaron que la eliminación o sustitución de 10 residuos adicionales resultaron en la parálisis del flagelo. Así, parece que la rotación flagelar exige algo estructuralmente específico además de lo que exija la formación del flagelo. Tiene que haber en su sitio alrededor de 19  residuos de aminoácidos de la proteína FliF con un buen grado de especificidad para que se dé tanto la construcción como la motilidad del flagelo. Imaginemos esto ...

Puede que a primera vista un vacío no benéfico de solo 19 residuos específicos necesarios en una posición específica en el genoma no parezca gran cosa, pero este vacío precisaría literalmente de billones y billones de años de tiempo medio para que una población constituida por todas las bacterias del mundo (~1030 individuos) pudieran salvarlo. De hecho, ni uno solo de los pasos evolutivos propuestos por Matzke u otros se ha demostrado como factible en ningún experimento de laboratorio. Ni tan solo uno. Sin la capacidad de poner a prueba estas historias en el laboratorio, son simplemente cuestiones no susceptibles de falsación y por ello, por definición, no tienen apoyo en el método científico. Puede que a muchos les parezca extraño siquiera considerar esto, pero esta clase de pretensiones acerca de la evolución de funciones complejas, del orden de complejidad que encontramos en el sistema flagelar, no son ciencia en absoluto —no son ni siquiera teorías. Como mucho son proposiciones no sometidas y quizá imposibles de someter a ensayo. Dicho claramente, estas «historias» sobre evolución flagelar son sencillamente esto —historias. Y cuando se examinan con cierto detalle, no parecen convincentes ni siquiera sobre el papel.

Simplemente, todo esto parece ser algo más complicado de lo que Matzke y otros científicos evolucionistas parecen querer enseñar. Consideremos una observación de Keiichi Namba (director del programa de todo un equipo de científicos dedicados a estudiar con detalle los diversos pasos de la construcción del flagelo):

«Una enorme cantidad de estas macromoléculas cumplen cada papel precisamente como máquinas diseñadas con un propósito y mantienen las actividades del complejo sistema.»12

Y junto con William Dembski, como él observa en su propia reseña del artículo de Matzke, consideremos las palabras de Lynn Margulis: «Lo mismo que un tentempié de bollería dulce que entretiene el hambre por un momento pero que nos priva de alimentos más nutritivos, el neodarwinismo satisface la curiosidad intelectual con abstracciones vacías de verdaderos detalles — metabólicos, bioquímicos, ecológicos o relativos a la historia natural» (citado de Acquiring Genomes, p. 103).13

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Referencias

 

  1. Nicholas Matzke, Evolution in (Brownian) space: a model for the origin of the bacterial flagellum, talkreason.org, 2003 (http://www.talkreason.org/articles/flagellum.cfm)
  2. Anand Sukhan, Tomoko Kubori, James Wilson, y Jorge E. Galán. 2001. Genetic Analysis of Assembly of the Salmonella enterica Serovar Typhimurium Type III Secretion-Associated Needle Complex. J. Bacteriology 183: 1159-1167.
  3. Macnab, R. M., 1999. The bacterial flagellum: reversible rotary propeller and type III export apparatus. J Bacteriology. 181 (23), 7149-7153.
  4. He, S. Y., 1998. Type III protein secretion in plant and animal pathogenic bacteria. Annual Reviews in Phytopathology. 36, 363-392.
  5. Kim, J. F., 2001. Revisiting the chlamydial type III protein secretion system: clues to the origin of type III protein secretion. Trends Genet. 17 (2), 65-69.
  6. Plano, G. V., Day, J. B. y Ferracci, F., 2001. Type III export: new uses for an old pathway. Mol Microbiol. 40 (2), 284-293.
  7. Nguyen, L., Paulsen, I. T., Tchieu, J., Hueck, C. J. y Saier, M. H., Jr., 2000. Phylogenetic analyses of the constituents of Type III protein secretion systems. J Mol Microbiol Biotechnol. 2 (2), 125-144.
  8. Macnab, R. M., Science 290, p. 2087
  9. Macnab R. M., Bacteria create natural nanomachines, USA Today, 2005 (http://www.USAtoday.com/weather/science/aaas/flagella121500.htm)
  10. May Kihara, Gabriele U. Miller, y Robert M. Macnab, Deletion Analysis of the Flagellar Switch Protein FliG of Salmonella, J. Bacteriol. 2000 June; 182(11): 3022–3028. (http://www.pubmedcentral.nih.gov/articlerender.fcgi?artid=94485)
  11. Bjorn Grunenfelder, Stefanie Gehrig, y Urs Jenal,Role of the Cytoplasmic C Terminus of the FliF Motor Protein in Flagellar Assembly and Rotation, Journal of Bacteriology, Mar. 2003, p. 1624–1633 Vol. 185, No. 5
     (http://www.pubmedcentral.nih.gov/picrender.fcgi?artid=148050&blobtype=pdf )
  12. Todas las animaciones que se presentan aquí son el asombroso trabajo de Keiichi Namba et al. del ERATO Protonic NanoMachine Project [Proyecto de Nanomaquinaria protónica] (http://www.npn.jst.go.jp/index.html)
  13. William Dembski, Biology in the Subjunctive Mood: A Response to Nicholas Matzke, personal website, 2003. (http://www.designinference.com/documents/2003.11.Matzke_Response.htm)
  14. Yvonne M. Lee, Patricia A. DiGiuseppe, Thomas J. Silhavy, y Scott J. Hultgren, P Pilus Assembly Motif Necessary for Activation of the CpxRA Pathway by PapE in Escherichia coli, Journal of Bacteriology, July 2004, p. 4326-4337, Vol. 186, No. 13 (http://jb.asm.org/cgi/content/full/186/13/4326)
  15. Gracias en especial a Mike Gene por la excelente información proporcionada sobre el tema de la evolución flagelar en su web ( http://www.idthink.net/ )

 



Apéndice - Tablas

 

Proteína

Posición

Ruta secretora

Clase de operón

Tamaño
(a a)

Estequiometría

(aprox.)

Función

Componentes integrales de la membrana

 

 

 

 

FliF

Membrana interna

sec

2

552

26

Rotor/Alojamiento

FlhA

Centro del anillo de FliF

sec?

2

692

2?

Exportación de proteína

FlhB

Centro del anillo de FliF

sec?

2

382

2?

Control de longitud del gancho

FliO

Centro del anillo de FliF

sec?

2

121

1?

Exportación de proteína Tipo III

FliP

Centro del anillo de FliF

sec?

2

245

(1?)

Exportación de proteína Tipo III

FliQ

Centro del anillo de FliF

sec?

2

89

(12?)

Exportación de proteína Tipo III

FliR

Centro del anillo de FliF

sec?

2

261

1?

Exportación de proteína Tipo III

 

 

 

 

 

 

 

Componentes asociados a la membrana

 

 

 

 

 

FliI

Lado citoplasmático de la membrana

---

2

457

(6?)

Exportación de proteína Tipo III

FliH

Lado citoplasmático de la membrana

---

2

235

(2?)

Exportación de proteína Tipo III

FliJ

Lado citoplasmático de la membrana

---

2

147

(1?)

Exportación de proteína Tipo III

 

 

 

 

 

 

 

Complejo rotor/conmutador

 

 

 

 

 

FliM

Lado citoplasmático de la membrana

automontaje

 

 

 

Rotor/conmutador

FliN

Lado citoplasmático de la membrana

automontaje

 

 

 

Rotor/conmutador

FliG

Lado citoplasmático de la membrana

automontaje

 

 

 

Rotor/conmutador

 

 

 

 

 

 

 

Anillos