ÍndiceCapítulo
1: El problema Capítulo
2: El
dualismo
cartesiano: La interacción entre la mente y el cerebro
Capítulo
5: El
establecimiento de las bases experimentales
Epílogo: Más
allá de
la filosofía
Acceso al original del libro en inglés -The Mysterious Matter of Mind |
Capítulo 2 El dualismo
cartesiano: ![]()
Análisis de la opinión de
René Descartes del dualismo interaccionista,
l dualismo es un antiguo concepto
profundamente arraigado en el pensamiento griego. Los griegos
sostenían que el
alma del hombre era de una esencia totalmente diferente a la de su
cuerpo.
Además, sostenían que estas entidades duales no
tenían interacción entre ellas.
Lo cierto es que los griegos las contemplaban como ajenas la una a la
otra,
siendo el cuerpo la cárcel del alma. Así, el dualismo
significa mucho más que
una mera designación numérica. Implica la
dicotomía de alma y cuerpo, con una
división absoluta. René Descartes (1596—1650) marca el
comienzo de la psicología moderna.
Fue un personaje singular: principalmente filósofo, fue
también científico,
fisiólogo y matemático. Creía que un alma independiente no
material habitaba y encontraba expresión en un cuerpo operado
mecánicamente. La
realidad del cuerpo no demandaba prueba, la realidad del alma
sí. Descartes usó
su famoso aforismo como prueba: cogito ergo sum, «pienso,
luego existo».
Es una pulcra forma de prueba y parece irrebatible. No podemos dudar de
la
existencia de nuestro propio yo, porque no podemos dudar del yo a no
ser que exista
un yo para que dude. Es interesante que la idea no se originó
con Descartes, aunque generalmente se atribuye a él. Unos mil
doscientos años
antes de Descartes, Agustín de Hipona escribió en su Ciudad de Dios (11.26): Sin ninguna engañosa representación de imágenes y fantasmas, estoy absolutamente seguro de que yo soy, y que lo sé y me deleito en esto. Con respecto a estas verdades, no tengo temor de los argumentos de los Académicos, que dicen: «¿Y qué sucede si eres engañado?» Porque si soy engañado, es que soy. Porque quien no es, no puede ser engañado; y si soy engañado, por esta misma razón soy. Descartes estaba interesado acerca de
cómo lo inmaterial podía interaccionar con lo material y
cómo la sustancia
«extendida» del cuerpo podía alojar al
espíritu «sin extensión» llamado alma.
Resolvió el problema de la incompatibilidad de las dos entidades
mediante su dualismo; es decir, dando un nombre al
problema. Él mantenía que los dos
componentes que
constituyen al hombre tuvieron un origen independiente y que son de una
naturaleza fundamentalmente diferente. El cuerpo se podía
dividir mediante la
eliminación de una pierna o de un brazo, pero el alma era
indivisible. El alma
ocupaba todo el cuerpo en todas sus partes, pero la reducción
del cuerpo en cualquier
forma no reducía el alma. El cuerpo era procreado, el alma era
creada. Aunque
las dos realidades fuesen de una naturaleza completamente diferente,
podían
afectar a la otra, el alma al cuerpo y el cuerpo al alma. Pero la
manera en que
esta acción tiene lugar es sin embargo un misterio; sólo
que Descartes lo
designó de una manera diferente —dualismo. Pero Descartes se convirtió en el padre
de la teoría del interaccionismo
mente/cuerpo. El interaccionismo de Descartes Descartes sostenía que el cerebro (junto
con el resto del cuerpo) tenía un principio operativo puramente
mecanicista.
Esto es cierto cuando se considera el cuerpo sin alma —como propuso que
era el
caso en el mundo animal, donde el alma estaba ausente. Así, los
animales eran
meros autómatas. Este punto de vista mecanicista del cuerpo,
incluyendo el
cerebro, no era cuestionable si no se hace del alma una parte esencial
de su
operación. De modo que Descartes quedaba libre para proceder con
su física de
la fisiología. Pero, ¿cuál era entonces la
naturaleza
del alma? Su respuesta es simple: las percepciones sensoriales y las
pasiones
físicas de los hombres dependen del cuerpo, pero la conciencia
de las mismas
reside en el alma. Lo importante, entonces, es indagar cómo es
que el alma
deviene consciente (esto es, de su medio y de sí misma) y
cómo consigue actuar
sobre el cuerpo. Su conciencia se debe a la acción del cuerpo
sobre la misma,
pero, ¿cómo actúa a su vez sobre el cuerpo cuando
ejerce su voluntad? El punto de la interacción, según
Descartes,
tenía lugar en el emplazamiento de la glándula pineal, el
único lugar que según
creía él no estaba duplicado como se creía que lo
estaban todas las otras
estructuras cerebrales. Sin embargo, no se consideraba el alma como
encerrada
en la glándula pineal. La glándula es meramente el punto
de interacción, no la
sede del alma en ningún sentido pleno. El cuerpo es materia extendida: el alma
es espíritu no extendido. Pero cuando lo extendido recibe la
acción de lo no
extendido, se precisa de algún punto concreto de
interacción, y así resulta que
se encuentra en la glándula pineal. Sin embargo, el «alma
está unida a todas
las partes del cuerpo conjuntamente». Todo el cuerpo es la sede
apropiada del
alma en tanto que el cuerpo permanezca intacto. Cuando se corta un
miembro del
cuerpo —por ejemplo, un alma o una pierna—, no hay pérdida de
ninguna parte del
alma como consecuencia de ello, porque el alma es unitaria e
indivisible. Luego
ocupa lo que queda del cuerpo. De modo que sin emprender resolver todos
los problemas, sencillamente enunció que hay un dualismo de
mente y cuerpo, y
que su interacción es evidentemente real. El cerebro es el
principal ámbito de
la mente o conciencia del alma, pero la mente o conciencia se
distribuyen por
todo el cuerpo. El punto de interacción entre la una y el otro
es la glándula
pineal. Descartes prestó su autoridad a la
perspectiva sostenida durante largo tiempo de que la mente está
asociada de una
manera particular con el cerebro, pero hizo de la mente y del cerebro
entidades
separadas, con una dependencia mutua solo en el sentido de que una
pluma
estilográfica y la tinta son interdependientes. La pluma no
podrá escribir sin
la tinta, y la tinta no da ningún mensaje sin la pluma. Descartes «sustancializó» la
conciencia
como una realidad no extendida, algo que puede existir en el cuerpo
pero que no
ocupa espacio alguno. La mente era real, pero totalmente separada de la
materia, y por ello del cerebro. El interaccionismo
es su forma de dualismo. El cerebro extendido, la mente no extendida, y
sin
embargo interactúan, y esta interacción tiene lugar en un
sitio específico, la
glándula pineal. La teoría no se puede refutar en tanto
que haya fenómenos
mentales cuyas correlaciones neurales permanezcan desconocidas. Que hay fenómenos mentales no se puede poner
en duda por razones lógicamente convincentes y que fueron
adoptadas (aunque no
originadas) por Descartes; no puede dudarse de ellos porque el mismo
acto de la
duda establece su realidad. La realidad de la existencia consciente
queda confirmada
cada vez que se niega. La materia y la mente las interpretó
como
sustancia creada, donde cada una constituye una forma radicalmente
diferente e
independiente de realidad. Su interacción no procede,
mantenía él, de un origen
común. Su incapacidad de dar satisfacción incluso a sus
admiradores más
ardientes acerca de la naturaleza de la interacción entre ambas
resultó en que
algunos de ellos adoptaron un punto de vista que se llegó a
conocer como ocasionalismo, según el que cada
aparente interacción de la mente y del cuerpo era resultado de
una intervención
divina directa. Al final, el punto de vista mecanicista
cartesiano eximió solamente a dos fenómenos de su alcance
totalmente inclusivo:
a Dios y al alma humana. Todo lo demás, toda la vida animal por
debajo del
hombre, y el hombre mismo excepto solo por su alma, quedaba abarcado en
la
cadena universal de causalidad mecanicista. El concepto era imponente,
y al
final demostró ser excesivamente dominante para permitir que una
excepción
constituyese un obstáculo a su aplicación a todo lo
demás. El alma fue primero
ignorada, después prácticamente negada, o convertida en
una mera excrecencia de
la máquina que era el cuerpo y el cerebro. En una conferencia
sobre psicología
tomista pronunciada en la Universidad de Ottawa en 1957, el Profesor R.
H.
Shevenell resumió la influencia de Descartes con estas palabras: Con
Descartes, la psicología perdió su alma y encontró
su mente; Descartes marcó un punto de
inflexión
para el estudio del hombre, especialmente para el estudio de la
relación
mente/cuerpo. La mayoría de los pensadores importantes
que siguieron a Descartes rechazaron el interaccionismo. No era una
hipótesis
susceptible de prueba. Por encima de todo, introducía lo
sobrenatural en la
imagen, y con ello excluía el concepto del laboratorio
científico y lo
introducía en el seminario teológico. Los críticos de sus ideas objetaban que
si el alma y el cuerpo eran sustancias de naturalezas completamente
diferentes,
la interacción entre ellas era realmente imposible. Descartes
protestó contra
tal idea, pero nunca satisfizo a sus críticos. Y el ocasionalismo
tampoco tuvo mejor papel, porque la interacción entre
la mente y el cerebro quedaba por ello reducida simplemente al milagro,
y los
milagros no quedan en el ámbito de la ciencia experimental, con
su énfasis
principal en la reproducibilidad y en la cuantificación.
Parecía que el
problema era insoluble, y que se precisaba de un nuevo planteamiento. Lo que surgió fue una
determinación de
reducirlo todo a física y a química, o quizá
hablando con más rigor a física y
a matemáticas (aunque hay químicos que no contemplan con
favor que se considere
a su ciencia como una rama de la física). Pero esto debe haber
impulsado el
planteamiento por parte de Claude Bernard de abordar el cuerpo como una
máquina, y el éxito que asistió a este
planteamiento hizo avanzar nuestro
conocimiento del cuerpo de una forma tan extraordinaria que
llegó a ser herejía
hablar de dualismo en el sentido cartesiano. 1980 publicado por Probe Ministries (Texas) con Zondervan Publishing Co. 1997 primera edición en línea en inglés 2001 2ª edición en línea en inglés – corregida y con formato revisado Copyright © 1988 Evelyn White. Todos los derechos reservados Título: La misteriosa materia de la mente Copyright © 2008 Santiago Escuain para la traducción. Se reservan todos los derechos.
© Copyright 2008, SEDIN - todos los
derechos reservados. SEDIN-Servicio
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